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No es un cuento

Juro por Dios que el maldito despertador no sonó. Odio levantarme así, empezar el día atropellada. ¿Me baño o no me baño? Ya son las 6:50 de la mañana, ¡Auxilio! Me figuró no bañarme, lavadita de cara, desodorante, loción y harto café a ver si se me quita esta cara de odio por la vida. ¿Dónde están las llaves del carro?, ¿Yo por qué seré así Señor? ¡Aquí están! Necesito uno de esos ganchitos para colgar cosas varias. Me fui. Adiós mi amorcito ¿Quién es un perrito dañino, ah?, ¿Quién? Lucía cerró la puerta de la casa. Llaves del carro entre los labios, bolso colgado en una mano, termo con café en la otra, moña en el pelo con la que había dormido y en secreto, una media diferente en cada pie. Siempre decía que se las tragaba la lavadora. Cuando se dio vuelta, vio una caja envuelta en papel amarillo en su entrada; tenía su nombre. Como la curiosidad era mucha y el afán también, se trepó con caja y todo al carro. Miró el reloj en el tablero: 7:15 de la mañana, tenía 15 minutos para

Carta #1 a la espera

Girona, 29 de Mayo de 2020

Querida espera
Te escribo desde una silla de madera, al lado de una ventana grande. Hace un bonito día, el cielo es particularmente azul el día de hoy.
Entiendo que tú no distingues de días grises o azules, siempre estás ahí. Desde que no fui consciente de tu entrada en mi vida, te has quedado aferrada. Parece que te gusta alojarte en el pensamiento porque no dejas de darme vueltas y en el pecho porque siento una presión particular cuando sobresales. Invitas al enojo y a la desilusión para unirse, cada vez que tú apareces.
Después de vivirte cada tanto y que te apoderarás con más fuerza de mi ser por estos días, he decidido con amor que debes irte. Si espera, debes irte y aunque sé que no es fácil y el proceso es largo debemos comenzar ahora. 

Seguimos en contacto desde lo lejos.

Cordialmente,

Daniela.

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