Ir al contenido principal

Destacado

No es un cuento

Juro por Dios que el maldito despertador no sonó. Odio levantarme así, empezar el día atropellada. ¿Me baño o no me baño? Ya son las 6:50 de la mañana, ¡Auxilio! Me figuró no bañarme, lavadita de cara, desodorante, loción y harto café a ver si se me quita esta cara de odio por la vida. ¿Dónde están las llaves del carro?, ¿Yo por qué seré así Señor? ¡Aquí están! Necesito uno de esos ganchitos para colgar cosas varias. Me fui. Adiós mi amorcito ¿Quién es un perrito dañino, ah?, ¿Quién? Lucía cerró la puerta de la casa. Llaves del carro entre los labios, bolso colgado en una mano, termo con café en la otra, moña en el pelo con la que había dormido y en secreto, una media diferente en cada pie. Siempre decía que se las tragaba la lavadora. Cuando se dio vuelta, vio una caja envuelta en papel amarillo en su entrada; tenía su nombre. Como la curiosidad era mucha y el afán también, se trepó con caja y todo al carro. Miró el reloj en el tablero: 7:15 de la mañana, tenía 15 minutos para

Lorena

Lorena era la única compañía de la abuela. Vivían juntas en una
finquita de una de las veredas del municipio de Girardota. 
Solía ser la primera en despertar en las mañanas, a eso de las
4:00 am. No se sabía muy bien que era lo que la despertaba, pero 
cumplidita, comenzaba a llamar a la abuela:
-¡Amaaaa!, ¡Amaaaa!, ¡Amaaaa!.
Al principio creíamos que Lorena despertaba a la abuela con sus
gritos, pero nos dimos cuenta después, que ella se despertaba minutos 
antes y aguardaba en su cama, con serenidad, hasta que Lorena la llamaba.
Una vez esto sucedía, ella se sentaba, se ponía sus
alpargatas y se dirigía a la cocina para prepararse un tintico
mientras hacia sus plegarias. Oraba a muchos santos, desde San Pedro
hasta Pablo VI, por todo su árbol genealógico, -Que los vivos estén
aliviaditos y los muertos descansando en paz.
Con su tinto en mano, en el vaso de café de Colombia, salía y 
se sentaba en su mecedora cerca a Lorena y juntas contemplaban 
la salida del sol. Tenían una ubicación privilegiada... Bueno, 
a veces no lo era tanto, el carro se le devolvía a más de uno 
cuando intentaban subir los rieles para visitar a la abuela.
Lorena era muy malgeniada y no le gustaban las visitas, 
cada vez que alguno iba a visitar a la abuela, le preguntaba una 
y otra vez: -¡Amaaaa!, ¡Amaaaa! ¿Ellos se van a quedar acá? Y la abuela, 
no se si para calmarla, o porque en verdad le gustaba su soledad junto a 
ella, le respondía entre risas: -No Lorenita.

Comentarios

Entradas populares